La artesanía Wichí: un legado ancestral de identidad y resistencia

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La artesanía Wichí: un legado ancestral de identidad y resistencia

La artesanía Wichí es mucho más que un objeto hecho a mano. Es una manifestación cultural que representa la identidad de un pueblo, su historia y su lucha por preservar sus raíces. A través del tejido del chaguar, las mujeres Wichí transmiten saberes ancestrales y generan una fuente de sustento para sus comunidades, fortaleciendo su autonomía y reafirmando su identidad étnica.

Gracias al apoyo de organizaciones como la ONG Pata Pila, la artesanía Wichí ha ganado visibilidad y ha aumentado la demanda de sus productos. Dionisia Fernández destaca este crecimiento: “Tenemos un montón de pedidos que de a poco vamos avanzando para poder cumplir. Es un tema que siempre recalco en agradecer a los que están detrás”.

El chaguar: un recurso natural y cultural

El chaguar es una planta que crece en el monte y ha sido utilizada tradicionalmente por los Wichí, un pueblo de cazadores-recolectores que habita en el Chaco salteño, el oeste formoseño y el Chaco impenetrable. Su fibra, extraída a través de un proceso manual que involucra la recolección, el machacado, el hilado y la tintura con pigmentos naturales, se transforma en hilos para la confección de tejidos.

Margarita Díaz, emprendedora de la cooperativa ALS Atsinhay Ta Chumas, explica la complejidad de este proceso: “Primero tengo que buscar en el monte chaguar, después tengo que machacar, hilar y buscar el tinte natural. No es fácil salir al monte, cuando hace calor es peor, uno sufre”.

La artesanía como motor de desarrollo y unión comunitaria

El trabajo artesanal ha sido clave para empoderar a las mujeres de estas comunidades. Dionisia Fernández, también emprendedora de ALS Atsinhay Ta Chumas, cuenta cómo el proyecto ha permitido recuperar y fortalecer esta práctica: “Antes las mujeres se olvidaban de las artesanías, y con el proyecto se volvió. Primero éramos muy poquitas y ahora logramos integrar más mujeres al grupo”.

Más allá de lo económico, la artesanía Wichí es una forma de representación y resistencia cultural. “Para nosotras significa representarnos como grupo, como venimos trabajando, organizando”, señala Dionisia. Su labor no solo contribuye al sustento de sus familias, sino que también refuerza la transmisión intergeneracional de conocimientos y saberes ancestrales.

Una demanda creciente y el desafío de sostener la producción

Las artesanas producen una gran variedad de piezas, desde cintos, carteras y mochilas hasta paños de diferentes tamaños. “Ahora últimamente nos piden paños de distintas medidas, de 50 cm, de 60 cm, de un metro. Hace poco nos pidieron un paño de dos metros y estoy viendo cómo hacer para llegar a ese tamaño”, comenta Dionisia.

Margarita Díaz, por su parte, resalta la importancia de la venta directa: “A mí me gusta salir a vender gritando: ‘Vendo artesanía…’. No tengo vergüenza porque si tengo vergüenza nadie va a comprar. Uno tiene que gritar. Barato, barato… a mí me gusta”.

Más que un producto: una obra de arte con dignidad

Definir la artesanía Wichí va más allá de su aspecto estético. Es una representación de una identidad étnica que abarca la manera de vivir, de ser y de transmitir cultura. En cada pieza tejida con chaguar hay un trabajo artesanal invaluable, que no puede medirse en horas o dinero.

Las artesanías Wichí son obras de arte únicas, con identidad, trazabilidad sustentable y dignidad. Cada mujer que teje una pieza no solo emplea sus manos, sino todo su cuerpo, en un proceso que encarna siglos de historia y resistencia. Son productos creados desde el origen con un profundo significado cultural y social, que invitan a valorar y respetar el legado de los pueblos originarios.

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